ESCAPADAS (parte I)

December 18, 2016

4 AMIGAS - 4 DÍAS - 4 BODEGAS 

 

Quería ir a Mendoza antes de fin de año y elegí el finde largo de diciembre en el que justo inauguraban el nuevo aeropuerto (que es el mismo Plumerillo de siempre con nueva pista, nuevo edificio, nuevo look). Iba a ir sola pero cuando lo comenté en un grupete de amigas amantes del vino las tres me gritaron a coro YO VOY. Y así fue como terminamos las cuatro viviendo una especie de viaje de egresadas pero mejor, porque teníamos auto y edad para tomar bien. 

 

Aterrizamos a la medianoche y ya nos esperaba Miguel con el cartelito de ENOLÓGICAS para llevarnos a nuestro apart del centro de la ciudad.

A primera hora de la mañana la empresa de autos de alquiler estaba en la puerta del complejo para dejarnos el Toyota (un placer que te hagan delivery vehicular) y tipo 10 am, bien desayunadas, arrancamos la aventura guiadas por el GPS al son de Ricky Martin con su nuevo hit "Vente pa´ca" a todo volumen (hay videos al mejor estilo Carpool Karaoke que espero nunca salgan a la luz). Llovía y hacía frío y yo había empacado como para ir al desierto, ni una camperita de jean entre las musculosas y el protector solar. Por suerte mis amigas son precavidas y me prestaron un par de cosas para no agarrarme neumonía en el primer paseo (that's what friends are for). Ellas no tenían la menor idea de lo que íbamos a hacer durante los cuatro días, yo me había encargado de contactar bodegas y enólogos que me encantan para armar un itinerario a mi gusto, y ellas confían en mí al punto de ni preguntar. Lo bien que hacen  

 

Siempre fui yo al volante (me dicen Carola Casini) y ese primer día me tocó hacerlo bajo la lluvia hasta Tupungato, Valle de Uco (mon amour) a horita y pico de la ciudad. Había elegido comenzar la cosa con ATAMISQUE, una bodega de la que me gustan todos sus vinos, desde el más chiquito hasta el ícono top.

Cuando me contacté con ellos fueron super copados al instante (porque no sólo de buen vino se hace una gran bodega) y nos armaron una visita exclusiva para las cuatro en donde Javier, un amoroso total, nos llevó a recorrer todo ese edificio increíble que se construyó respetando el paisaje, siguiendo sus colores y replicando, si se lo mira así de frente, las distintas capas de ese suelo como se verían en un corte transversal. 

 

El dueño de Atamisque es un señor belga-francés que conoció Mendoza por su trabajo de alto ejecutivo hotelero y se enamoró a tal punto que se mudó ahí junto a su esposa Chantal, quien al haber tenido un padre bodeguero allá por Beaujolais Francia, se re enganchó con la idea de su marido de ser viticultor. Hoy la pareja ronda los 80 años y siguen involucrados a pleno en este proyecto que aman y que hoy tiene 125 hectáreas, modernísima bodega propia, restaurante, lodges para dormir entre los viñedos y cancha de golf. 

 

Esta historia nos contaba Javier en la galería de afuera, mirando los viñedos mojados por la lluvia mientras nos daba un Serbal Chardonnay, super fresco, para no empezar el tour con las manos vacías. Arrancamos bien. 

 

Nos llevó por la enorme planta de tres niveles y arquitectura minimalista, con unas ventanitas que dejan admirar partes del increíble paisaje de verdes y de montañas, y nos explicó el proceso desde que llegan las uvas hasta que se embotella el vino. Nos fue mostrando para qué sirve cada maquinaria de impactante tamaño y brillante color acero: dónde se despalilla, dónde se macera, dónde se fermenta, y respondió con paciencia y sonrisas cada pregunta de este cuarteto curioso que quería saber todo, y más. 

 

Pasamos después a la sala de barricas en donde nos convidó directo de una con otro Chardonnay, éste de la línea Catalpa, para que entendamos bien la diferencia de la misma cepa blanca cuando es joven y fresca y cuando pasa por barrica de roble francés. 

Al terminar el recorrido que incluyó visita al ala de espumantes y explicación del método champenoise, nos llevó a la salita de degustación en donde nos tenía preparados seis vinazos + un espumante de Philippe Caraguel (el director de enología de la bodega); se imaginarán nuestra sonrisa de dibujito animado japonés mirando esa puesta en escena. Uno a uno nos fue explicando las características de la cepa y el concepto de cada vino, todo con palabras simples para que cuatro chicas con varias copas adentro pudieran entender; y juro que detectamos en los vinos un montón de cosas que nos decía y otras que nos había explicado momentos atrás. Somos muy buenas alumnas cuando nos gusta la materia. 

 

Arrancamos con el Serbal viognier, una perla blanca que a mí ya me venía gustando. Seco, cítrico, con algo de flores y un no se qué tan particular de esta cepa que cada día me va mejor.

Seguimos con el Condeminal (bautizado así en honor al abuelo de Chantal) Cabernet Sauvignon, un vino joven pero firme y con linda estructura pese a no tener nada de madera.

Después el Serbal Cabernet Franc (mi chiquito hermoso) con 6 meses de crianza en tanques de acero inoxidable y ese maravilloso sello Franc que cuando es bueno, como este caso, es lo más.

Pasamos para la línea de arriba con el Catalpa Assemblage, un blend de Franc, Merlot, Malbec y Cabernet Sauvignon que pasa 12 meses en barrica y sale hecho una maravilla; complejo, sedoso, con estructura y un final que sabe a perfection.