UN NUEVO VALLE SE ASOMA


Ni bien entré a la feria COPAR, en Trova, de todos los vinos (muy buenos by the way) ordenados en filitas llamó mi atención una etiqueta que nunca había visto: CHAÑARMUYO.

Me acerqué y vi que era un tannat de ese valle riojano. "Tannat de la Rioja, nunca probé, a ver?" y me serví sin esperar demasiado (mujer de poca fe), pero qué linda sorpresa me llevé en la boca! Empecé a preguntar por esa bodega y a buscar qué otras cosas de ella había por ahí. Me topé con un chardonnay muy bueno y con el blend, Franc-Sauvignon 50%-50% que me encantó. No podía dejar de recomendar a las chicas que vayan a probarlos, y cuando Ale me comentó los precios, mi amor a primera copa subió mil escalones más.

Y la suerte que una tiene cuando hace lo que le gusta me trajo al mismísimo dueño de la bodega. Viene a decirme Noe (una genia total) que Jorge Chamas daba una charla a las 21 hs abajo en la cava del bar. Por supuesto que fui la primera en sentarme a la mesa lista para escuchar la historia de este vino que me cautivó. Y lean, porque la historia es igual de rica que el vino.

Había una vez un pueblito perdido, llamado Chañarmuyo, que hace unos años era casi fantasma. Al escasear el trabajo y los recursos, los jóvenes migraban al sur en busca de un empleo en las petroleras para mandar plata a sus padres que se quedaban allí cuidando de sus nietos que cuando crecieran también se irían a vivir al sur. El futuro marcaba que se iba a ir borrando del mapa toda huella de alguna civilización en el lugar. Pero el destino les tenía preparada una sorpresa, en el 2001 un grupo de visionarios creyó que esas tierras podían ser buenas para plantar uva de calidad, se tomaron al pie de la letra las palabras del difunto lugareño Don Patrocino Carrizo, hombre que alzó la enorme cruz blanca que en el cerro domina el valle, que dijo: “alguna vez se harán vinos en este valle de los que el mundo hablará…”. Y cuanta razón tenía.

Este grupo se embarcó en lo que Jorge llama una aventura tan satisfactoria como torturante, como toda pasión. Tierras nuevas y dificultosas, climas diferentes a los acostumbrados y ningún proyecto previo en ese lugar que los ayude con alguna pista. Un desafío absoluto que algunos llamarían locura. Pero aunque sin ser del rubro Jorge sintió que eso era lo que quería hacer, su instinto le decía que ese valle, que lo había enamorado con sus 1.720 mts sobre el nivel del mar y un clima único en el mundo, iba a hacer realidad sus sueños. El lugar era virgen de cultivos, igual que su gente que no conocía de vides, ni de vendimias, ni del trabajo en bodega, pero como aquellos que ven una esperanza para sobrevivir, le pusieron lo mejor de sí mismos; fe, trabajo arduo y compromiso. Todos en el pueblo se embarcaron en este "delirio" y se propusieron aprender para sacar el mejor vino que su tierra pudiera dar.

Y así de la mano de dos enólogos de pura cepa, Andrea Marchiori y Luis Barraud, y un equipo de gente con experiencia de años en el tema se armó esta nueva bodega y se capacitó al grupo de trabajadores que hoy volvieron del sur a su pueblo a darle vida y felicidad. Ya son parte fundamental del proyecto, y Jorge les agradece y los destaca una y otra vez durante la charla con un orgullo que genera emoción.

Luego de esta intro tan interesante como divertida (Jorge es un orador nato con un ingenio veloz que te envuelve en la historia y además te hace reir mucho) pasamos a probar los vinos al mando del sommelier Martín Dicuzzo, su brand ambassador. Él nos contó detalles de los viñedos y los procesos en bodega, y nos fue indicando las características que buscaron en cada vino para llegar a lo que tienen hoy. Les cuento lo que a mi me pareció cada uno, salvando las especificaciones técnicas que si quieren pueden buscar en internet.

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